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El prosecretario de Presidencia, Jorge Díaz, abordó este viernes la determinación gubernamental de rescindir administrativamente el acuerdo con el astillero Cardama. Esta medida se tomó «a raíz de las serias transgresiones legales» que la compañía ha cometido de forma reiterada.
Durante una entrevista, Díaz explicó que los incumplimientos incluyen la ausencia de una garantía de fiel cumplimiento adecuada y la provisión de documentación fraudulenta, lo que representa una «violación manifiesta del contrato». Subrayó que la garantía no solo era de carácter espurio, sino que la empresa tampoco cumplió con su deber de mantenerla vigente durante la duración del acuerdo.
El funcionario gubernamental detalló que Cardama fue informado sobre la falsedad de la garantía, se le comunicó la resolución pertinente y la intención de presentar una denuncia penal. Afirmó que el astillero «en ningún momento demostró la voluntad de realizar una presentación formal para la sustitución de dicha garantía». Díaz resaltó que el astillero nunca formalizó la entrega de otra garantía. «Actualmente, el Estado uruguayo carece de una garantía de fiel cumplimiento», aseveró.
Respecto a la garantía de reembolso económico, diseñada para asegurar que los fondos estatales destinados al astillero se utilizaran exclusivamente en la construcción de las dos patrullas oceánicas, el Ejecutivo dictaminó que el documento entregado por Cardama no constituía una póliza. El prosecretario explicó que, aunque los despachos jurídicos de la aseguradora confirmaron la existencia de una póliza real, el documento presentado inicialmente por Cardama no era tal. Al solicitar la póliza auténtica, se obtuvo un texto completamente distinto al original. Además, esta póliza, aparentemente, no cumpliría con la cláusula contractual que permite su reducción solo tras la entrega del primer buque.
Díaz añadió que la compañía aseguradora solicitó al astillero una contragarantía de aproximadamente 3 millones de euros. De la revisión documental se desprende que este monto fue abonado, de hecho, con fondos del Estado uruguayo, a través de tres desembolsos de cerca de 1 millón de euros que coincidieron con la culminación de los hitos contractuales. En otras palabras, «cada vez que se alcanzaba un hito y el Estado uruguayo realizaba un pago, el astillero entregaba un millón de euros a la reaseguradora». El jerarca concluyó que «aparentemente, una porción de los fondos previstos para la construcción de las embarcaciones se destinó a la creación de una contragarantía».
El prosecretario destacó que el convenio con Cardama, un contrato de suministro enmarcado en el TOCAF, se anula ahora por vía administrativa debido a una transgresión grave, conforme al artículo 70. «En consecuencia, desde la notificación efectuada en la fecha, el contrato queda sin efecto», enfatizó.
En lo concerniente a la audiencia de conciliación, pautada para el 16 de marzo, Díaz aclaró que la convocatoria atañe al Ministerio de Defensa Nacional y no a la Presidencia. Desde su perspectiva legal, consideró que dicha instancia sería «baldía», dado que el contrato ya no tiene validez tras su rescisión. «El gobierno uruguayo ya ha adoptado una determinación», afirmó. Explicó que la resolución fue debidamente comunicada y que se desarrolló un procedimiento administrativo donde se notificaron los actos al astillero y se le concedieron dos oportunidades para presentar sus descargos, los cuales, según Díaz, no abordaron los puntos señalados.
Interrogado sobre las críticas de la oposición, que califican la decisión como «política», Díaz recalcó que esta se fundamentó en consideraciones estrictamente jurídicas y técnicas. «La oposición ha estado planteando, desde hace días, una especie de discusión de índole política. Ese debate, como es debido, se desarrollará en el ámbito parlamentario», puntualizó.
El prosecretario identificó cuatro ámbitos de responsabilidad: la política, cuya evaluación recae en el Parlamento, donde previsiblemente se establecerá una comisión investigadora; la penal, competencia exclusiva de la Fiscalía, tras la denuncia interpuesta por el Poder Ejecutivo; la administrativa, que abarca posibles pesquisas internas, como las ya concluidas en el Ministerio de Economía y Finanzas y el Banco República, y la del Ministerio de Defensa Nacional, aún en curso; y la civil, que se iniciará con la demanda del Estado uruguayo contra Cardama para reclamar los daños y perjuicios y recuperar la inversión de aproximadamente 28 millones de euros.
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